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Oma y Shu
Es es el primer capítulo de la serie fanon: La Historia de Oma y Shu. Esta historia esta escrita por la usuaria: Ar3mis y está basada en la leyenda de Oma y Shu, la cual fue cortamente relatada en el episodio #2 del libro Tierra: "La Cueva de los Dos Enamorados".

Capítulo 1: La Cima de La Montaña Editar

– Señorita Oma, su madre le busca –dijo la mujer asomándose por la puerta de la habitación.

– Enseguida voy –respondió ella dejando a un lado el pincel con el que escribía en un pergamino. Oma salió rápidamente de la casa siguiendo a la mujer que parecía nerviosa.

Junto al camino varios niños practicaban un juego que consistía en intentar levantar una roca lo más alto posible usando el "poder sobre la tierra". Este poder había sido otorgado hace años por el guardián de la tierra, una antigua tortuga león que anteriormente protegía al valle. Ella aún recordaba cuando el guardián se había marchado, solo semanas después de que viniera "el que hablaba con los espíritus" el hombre que usaba el fuego, el agua y el aire, y al que el guardián también había otorgado el poder sobre la tierra. Después de esto la gente también pidió el poder sobre la tierra para poder vivir por si mismos, el guardián se marchó después de entregar el poder a cada uno de ellos, incluyéndola.

La "gente de la tierra" como se habían autonombrados se establecieron en el Valle Oeste. Más todo no había sido paz puesto que parte de la gente estaba descontenta por tener que ser gobernados por su padre Omer y su política de ser hostiles con los espíritus y criaturas. Así fue como la "gente de la tierra" se dividió y algunos se fueron a vivir al otro lado de la montaña, al Valle Este.

Oma aún vagaba en sus recuerdos cuando llegaron a una pequeña cabaña, adentro su madre estaba inclinada sobre una cama en que yacía un enfermo. Su madre, Jin, era la curandera del pueblo.

– ¿Que tiene? –fue lo primero que Oma preguntó.

– No estoy segura –respondió su madre con tono de preocupación– Tiembla y delira... Ya le he dado varios tipos de medicina, pero necesito Sándalo.

– Creo que ya no queda.

– Lo sé, por eso te mandé a llamar. Tú eres la única que sabe tanto como yo, necesito que vayas a por esa planta –ordenó su madre.

Oma asintió y salió rápido del lugar. Como la hija del jefe, era su deber el ayudar a la gente del pueblo y velar por su bienestar.

Hacía horas que Oma había comenzado a subir la montaña, el Sándalo era una planta que crecía en lugares elevados y por ello su objetivo era llegar a la cima. Estaba ya casi arriba cuando un temblor sacudió el piso debajo de ella. El movimiento repentino la hizo caer y se arrastró con las manos y los pies hacia adelante.

A pocos metros un agujero se abrió una gigantesca cabeza apareció, Oma reconoció de inmediato a la bestia, un tejón topo. Su padre le había enseñado que estas eran criaturas a las que había que temer y de las que mantenerse alejado pues ellos eran verdaderos maestros en usar el poder de la tierra.

Oma se mantuvo quieta mientras la criatura olfateaba alrededor, el pánico se apodero de ella y antes de siquiera pensar en algo ella corrió lejos de allí. Corrió hasta que ya no pudo más, cuando finalmente se detuvo notó que había llegado a la cima y que alguien se reía.

– ¿Qué es lo gracioso? –pregunto a la defensiva, mientras recuperaba su aliento.

– Pues tú –dijo una voz que venía detrás de ella.

– Yo no creo que yo sea graciosa... –dijo ella girándose y viendo a un joven hombre cerca de un arbusto.

– Si, siempre es gracioso ver a los temerosos del Oeste huyendo de algún animalito.

– ¿Animalito? ¿acaso no viste que era un tejón topo? ¡Quería comerme! –respondió exasperada.

– ¿Comerte? Niña, los tejones topo no comen personas, él solo olía tu perfume, ellos son ciego y disfrutan al máximo los olores, tú hueles bien.

Oma no sabia como contestar a este maleducado hombre del Este, así que se giro para comenzar a buscar la flor.

– Ya no quedan Sándalos –dijo él.

– ¿Como sabes que estoy aquí buscando esa flor?

– ¿Qué más vendrías a hacer aquí? los del Oeste son tan miedosos que apenas salen del pueblo. –Dijo con una sonrisa– Pero hoy estas de suerte, por que yo tengo algunos.– Él saco un pequeño ramo de sándalos de una bolsa tejida con lana de oveja cerdo.

– Gracias –fue lo único que pudo decir ella.

– Me llamo Shu.

– Oma –respondió ella.

– Ya lo sé, la hija del jefe de los cobardes del valle Oeste.

– Yo no soy una cobarde –dijo indignada.

– Si claro, ¿quien lloraba por que un tejón topo quería oler su perfume? –él volvió a reír

Oma arrugo el entrecejo y se guardo el ramo de sándalos, se giró para irse.

– Está bien, lo siento, pero no puedes negar que fue gracioso.

– La próxima vez te demostraré que no soy una cobarde –dijo Oma antes de comenzar a correr colina abajo...

– ¡Te estaré esperando! –grito Shu, antes de perderla de vista.

Él definitivamente la estaría esperando...


Continuará...

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