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Posiblemente la Última es el primer capítulo de la serie fanon "La Última".

SinopsisEditar

"Es el comienzo de lo que será denominada como la "Guerra de los Cien Años", Belu está huyendo. Huye de ellos, deambulan por todos lados matando a los suyos, buscándola. Dispersando a los últimos supervivientes, aislando a los resistentes, los últimos vestigios de los Nómadas Aire. Belu sabe que mantenerse oculta y llegar al reino Tierra es la única opción para seguir con vida. Hasta que se topa con Nieki. Un joven que parece capaz de ayudarle. Así que Belu deberá tomar una elección definitiva: confiar o perder la esperanza..."

Capítulo 1: Posiblemente la Última Editar

A veces pienso que tal vez sea la última nómada aire del mundo.

Lo que significaría que soy la última maestra aire.

Sé que es una tontería: no pueden haberlos matado a todos… aún. Sin embargo, no me extrañaría nada que al final lo consiguieran. Entonces se me ocurre que eso es lo que quieren que piense.

Vale, probablemente no sea la última maestra aire de la Tierra, pero sí una de los últimos. Completamente sola hasta que la Nación del Fuego acabe conmigo.

Es una de esas cosas en las que pienso por las noches. Ya sabes, pensamientos típicos de las tres de la madrugada, en plan: «Estoy muerta». Cuando me acurruco, tan asustada que no logro cerrar los ojos, y me ahoga un miedo intenso, tanto que tengo que recordarme respirar y pedir a mi corazón que siga latiendo. Cuando comienzo a repetirme «Sola, sola, sola, Belu, estás sola... Eres... Posiblemente la Última».

Cuando esos pensamientos me arrebatan el sueño; Giri, mi lémur volador, parece darse cuenta y suele acurrucarse a mi lado como si dijera «Solos juntos». Eso me calma lo suficiente como para dormir un poco.

Antes tenía también a Oomi, mi Bisonte voladora. Aún recuerdo cuando la superiora Batii nos llevó a la fuente principal del Templo Aire del Oeste y nos dio a cada una una manzana, diciéndonos que debíamos elegir con cuidado porque «un bisonte era un compañero para toda la vida», lo cual era algo que se repetía siempre para este ritual. Oomi voló directo a mi en cuanto tuve la manzana en la mano y ya no quiso separarse de mi.

Unos años después, durante la noche, la superiora Batii nos despertó en medio de un gran escándalo.

—¿Ya es hora de meditar? —balbuceé desconcertada entornando los ojos.

—Tienen que huir, ahora —anunció mientras despertaba a las demás.

—¿Qué está pasando? —pregunté al darme cuenta del gran escándalo que provenía de afuera. —¿Por que tanto escándalo?

—La Nación del Fuego —dijo mientra ayudaba a vestirse a las más pequeñas.

Templo Aire del Oeste bajo ataque

Con solo esas palabras me aclaró todo y comencé a ayudarla. Hace meses, el consejo presentía el clima de peligro. El Señor del Fuego Sozin desde el primer momento se mostró hostil contra nuestra gente. Puesto que el Templo Aire del Oeste era el más cercano a la Nación del Fuego eramos quienes más sufríamos sus políticas anti-nómadas aire. Incluso algunas de nuestras hermanas habían sido apresadas cuando visitaban los mercados.

Cuando la superiora Batii nos guió a través del templo hasta los establos, pude vislumbrar parte de lo que pasaba.

Desde el acantilado colgaban decenas de cuerdas por las que bajaban incontables soldados ataviados con sus grotescas armaduras carmesí. Caían en las cornisas del templo mientras eran recibidos por nuestras hermanas mayores, quienes llenas de lágrimas intentaban detenerlos usando el aire para desarmarlos y repeler las incandescentes ráfagas de fuego mientras intentaban razonar con aquellos hombre que se negaban a escucharlas y parecían determinados a acabar con todo.

—¡Belu! —me llamó la superiora Batii sacándome de mi trance de horror. —¡Apresúrate!

Corrí hacia ella mientras las demás chicas subía en los Bisontes, la superiora me detuvo un momento junto a Nala, que tenía un año más que yo.

—La hermana Dila llevará a las niñas directo al Templo del Este —anunció hablando rápido. — Necesito que ambas hagan algo antes de dirigirse hacia allá también.

Ambas asentimos asustadas.

—Nala, irás al Templo del Norte e informarás lo que pasó aquí — dijo y espero a que Nala asintiera antes de volverse hacia mi. — Belu tú irás al Templo del Sur, es urgente que informes al consejo para que ponga a salvo al Avatar Aang.

Me miró a los ojos mientras asentí y murmuré un «si». Nos abrasó a amabas mientras los demás comenzaban a marcharse.

—¿Que pasará con las demás hermanas? —pregunto Nala dejando caer una lágrima mientras seguíamos escuchando los sonidos de a desigual batalla.

—Haremos todo lo posible por detenerlos para que podáis huir.

Eso era todo, estaba claro que ninguna de ellas sobreviviría, ellas no luchaban para dañar a quienes trataban de matarnos. Aún mientras morían seguían intentando dialogar con un enemigo sediento de sangre.

Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. La superiora Batii me las secó con un pañuelo que depositó en mis manos, luego dio un silbido que hizo aparecer a Giri desde algún lugar —Cuídalo por mi —me pidió entregándome su lémur volador. Giri se subió a mi hombro mientras me despedía de Nala. Luego la superiora dio media vuelta y se apresuro a integrarse a la ya casi definida batalla. Nala subió a su bisonte mientras yo montaba a Oomi. Ambas salimos al mismo tiempo hacia el cielo mientras esquivamos grandes bolas de fuego que nos rosaban y chamuscaban nuestro cabello. Cuando finalmente estuvimos por sobre el acantilado pudimos ver el amanecer, pero no era solo el sol el que salía por el horizonte. Más allá una enorme bola de fuego comenzaba a surcar el cielo, el terror me invadió de inmediato al ver también la cantidad de soldados que aún habían sobre el acantilado.

—¡Cuidado! —Grité a Nala al ver que varios Maestros Fuego comenzaban a lanzar una sobrenatural ráfaga de fuego que parecía más el aliento de un gigantesco dragón.

Solo pude escuchar el grito desgarrador de Nala y el bramido de su bisonte mientras eran envueltos en la terrible marea de fuego. Oomi contesto el bramido con otro igual de desgarrador al ver que ambos caían envueltos en fuego hacia el acantilado. El horror se apoderó de mi ante aquella escena y fui incapaz de moverme mientras veía caer a Nala y, abajo, el acantilado se iluminaba domo un horno cuando los demás soldados daban su golpe final a mis hermanas con el poder infernal que les otorgaba el cometa.

Oomi escapando

Oomi escapando.

Oomi decidió por mi y salio disparada hacia el sur mientras nos lanzaban una nueva ráfaga asesina de fuego. Oomi las esquivaba valerosamente mientras yo luchaba por sostenerme sobre su lomo.

Finalmente pudimos escapar del acantilado. Más la suerte se nos acabó cuando nos encontramos con una flota de barcos de la Nación del Fuego cuando nos acercábamos a sus costas. Oomi nuevamente hizo todo lo que pudo por esquivar las sobrenaturalmente infernales ráfagas de fuego, sin embargo fue alcanzada por una. Intenté apagar el fuego que comenzaba a quemar su pelaje, más ella perdió el conocimiento y comenzó a caer hacia el mar. Con lágrimas vi cómo caía y su cuerpo sin vida se hundía en las aguas anaranjadas que reflejaban el cielo carmesí «Adiós amiga.».

Antes de que Oomi cayera pude tomar mi planeador. No estaba muy lejos de la costa de la Nación del Fuego. Era el último lugar al que quería ir, más no tenía opción. Giri seguía sujeto a mi, horrorizado al igual que yo.

Las ráfagas de fuego de los barcos aún nos seguían mientras intentaba esquivarlas, ya nos alejavamos de ellos y entrabamos en tierra. Sin embargo la última ráfaga paso tan cerca que logró prender fuego a la tela de mi planeador y a parte de mi ropa. Comenzamos a caer y utilizando el aire logré aterrizar en medio de un bosque y luego apagar mi ropa. Mi planeador era ya inútil.

Había perdido a Oomi. Había visto morir a Lana y mis hermanas. No sé si las demás lograron escapar o si los demás templos recibieron el ataque simultáneamente, lo cual era los más probable puesto que de seguro quería utilizar el poder del cometa para acabar con nosotros. No sé que sería del Avatar o si hay algún otro nómada habrá logrado escapar. Sé que tengo que llegar al Reino Tierra, pero sin Oomi no tengo forma de salir de la Nación del Fuego, sé que en cuanto me muestre me capturaran... no... me mataran.

Soy, posiblemente la última...

Notas de la autora Editar

  • Decidí escribir en primera persona pues es como prefiero las novelas, me hace identificarme más con el o la protagonista.
  • Belu es el nombre de una diosa Hindú, me gustó y me pareció adecuado para una nómada aire.
    • Nieki, Giri, Batii, Nala y Oomi me los inventé.
  • Belu tenía 15 años al momento del ataque.
  • Solo para aclarar: Belu está en un bosque en algún punto de la Nación del Fuego y comienza a narrar como fue que escapó del ataque al templo. Todo este capítulo es como un prólogo.

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