FANDOM


Los Rebeldes de Asu

Sinopsis Editar

Asu una joven maestra fuego, que fue salvada y criada por los nómadas aire del templo del este, se ve envuelta en el comienzo del genocidio y la guerra de los cien años. Ella, junto a su hermano Kali y una pequeña nómada aire llamada Tara, comienza su aventura para salvar a los nómadas aire y evitar que la nación del fuego destruyan todo lo que aman.

Los Rebeldes de Asu, Capítulo 1: Comienzo Editar

Momentos después del comienzo del asedio al Templo Aire del Este. Editar


Air Nomad Genocide

Me marche sin mirar atrás.

No era fácil, pero teníamos que dejar a nuestros seres queridos bajo asedio en el templo aire del este para ir a buscar ayuda. Me dolía tener que hacerlo; no podía alejar de mí el rostro de la madre superiora Iio, serena a pesar del sufrimiento, y fuerte y vital de un modo que yo no habría creído posible a su edad. Haber crecido bajo su supervición me había hecho albergar la esperanza de que mi llama no se extinguiera antes de que hubiera vivido lo suficiente. En el pasado llegué a creer que la vida era solo una bucle de sufrimiento, pero en el templo descubrí que estaba equivocada. Era extraño pensar que incluso yo podría ser feliz.

Apresuré el paso en la oscuridad, atenta a los soldados que merodeaban más allá de mi alcance de visión. Los escuchaba a nuestra espalda, desafiando con sus gritos de guerra a los monjes que protegían el templo. Las ráfagas de aire explotaban en todas direcciones cuando los soldados cargaron y el cielo se iluminaba por la llamaradas de los maestros fuego, pero yo no podía volver por mucho que lo deseara. La borrosa línea trazada en el mapa que llevaba entre mi ropa marcaba mi camino. Antes de marcharnos lo había estudiado con atención, memorizando cada giro de la ruta y cada anotación escrita a mano por la la madre superiora sobre los puntos donde había gente dispuesta a ayudarnos. Oshu estaba a varios días de viaje, y tardaríamos varios más en volver después de reunir la ayuda necesaria. Aquel punto en el pergamino era la mejor oportunidad que teníamos de salvar a la gente que me había enseñado que la vida podía ser algo más que cazar y matar.

Si seguía pensando en ellos flaquearía. Así que continué adelante, en silencio y con cautela, atenta a los soldados que dejábamos atrás. Eché una mirada sobre mi hombro para asegurarme de que Tara podía seguirnos el paso, la pequeña chica seguía allí con su andar decidido y su inquebrantable lealtad. Tara era una nómada aire de diez años y una excepción extraordinaria entre los suyos, mientras todos los nómadas aire nacían con la capacidad del aire control; Tara no era una maestra aire. Ella había rechazado rotundamente evacuar el templo con los demás niños que se dirigían a un refugio cercano, en cambio y pese a las protestas de la madre superiora, ella decidió seguirme en mi misión. Mi hermano, Kali caminaba a mi lado con sus cuchillos curvados en las manos y los ojos fijos en el horizonte, aunque no podía ver lo que teníamos ante nosotros tan bien como yo. Hace años él y yo habíamos sido salvados por la madre superiora y los demás nómadas del templo, les debíamos nuestras vidas y haríamos cualquier cosa por ellos, incluso enfrentarnos a nuestra propia gente.

-¿Ves algo? –me preguntó Kali.

-Solo algunos animales nocturnos. El enemigo está a nuestra espalda.

-Lo sé –me dijo en voz baja.

La hierba bajo nuestros pies estaba fría y generosamente salpicada por las primeras hojas caídas. Aún no era el momento del cambio, cuando todas las hojas cambian de color y se caen de las ramas, pero ya había algunas que crujían al pisarlas. Corrimos durante toda la noche haciendo paradas periódicas para descansar y beber agua mientras yo comprobaba los mapas a la luz de la luna que brillaba sobre nuestras cabezas. Cuando el sol reptó sobre el horizonte en delicadas espirales rosas y ámbar, estaba exhausta y disgustada por mi debilidad, pero su calor revivió mi fuego y en unos momento estaba repleta de energía. No podía decir lo mismo de Kali y Tara, ellos no eran maestros fuego. Aunque Tara se esforzaba, era demasiado pequeña para seguir nuestro ritmo y nunca había caminado tanto.

-Hora de acampar-. Indiqué a Kali con un ademán que explorara el perímetro.

-¿No hacemos un fuego? –me preguntó Tara mientras se dejaba caer exhausta.

Negué con la cabeza.

-Si alguno de los soldados que hemos dejado atrás se acerca, verá el humo– le indiqué.

-Ah, Cierto-. Estuvo de acuerdo.

Kali regresó mientras yo repartía pan y la fruta que la hermana Pema me había empaquetado.

-La zona está limpia en general, pero no me gusta el olor a humo que viene del este.

-¿Nos están siguiendo? –le pregunté.

Comí con bocados pequeños, solo lo suficiente para mantenerme en marcha y que un estómago demasiado lleno no me impidiera descansar. Los demás hicieron lo mismo, era vital equilibrar la necesidad de mantenerse con fuerzas con la prudencia de conservar nuestras provisiones. No llevábamos mucho, así que el pan y la fruta debían durárnos hasta el final de nuestro viaje.

Kali asintió con serenidad.

-Deberíamos prepararnos para un ataque mientras dormimos… y esperar que no sea más de lo que podemos manejar.

Maldije en voz baja con la peor palabra que había aprendido antes de conocer a los nómadas aire.

-Tenía la esperanza de que no nos hubieran visto salir del templo.

-No creo que lo hicieran –indicó Kali- Pero sospecho que están barriendo la zona preveniendo algún escape.

Con un poco de suerte sería solo un pequeño grupo, en lugar de una parte importante del ejército. Aunque para el templo sería bueno que nos persiguiera un grupo grande, ya que podríamos alejarlo del templo y dirigirlo a hacia el reino tierra. Sus habitantes no nos darían las gracias por ello, pero al menos nos creerían cuando les habláramos de la amenaza.

-¿Cómo es posible? –preguntó Tara, con tono irritado.- Tienen el templo rodeado, si no fuera por lo túneles no hubiéramos podido salir.

-Son soldados de la nación del fuego –le contestó Kali-. Tienen un gran entrenamiento, de seguro también nos rastrearán si descubren nuestras huellas.

Continuamos comiendo en silencio.

-Yo haré la primera guardia –dijo Kali.

-Segunda –murmuré.

-Tercera, supongo... -dijo Tara. Después de unos segundos y con tono inocente preguntó -¿a qué se refieren con eso?

Kali le explicó que nos turnaríamos para vigilar mientras los demás dormían. Yo me acomodé y dormí.

Me desperté sobresaltada y me despojé de la manta para tumbarme sobre la hierba caldeada por el sol. Me quedé mirando el cielo azul ensartado de volutas blancas con los ojos entornados. Nubes, no humo, un alivio me recorrió el cuerpo mientra me convencía que estábamos bien y que no habíamos sido capturados mientras incendiaban el bosque, eso era una pesadilla.

-Todo ha estado tranquilo. Aún no es tu turno de vigilar- dijo Kali.

Junto a mi, Tara dormía con tranquilidad, habíamos salido del templo por la noche y caminado casi hasta la costa, ella estaba agotada. Volví a acurrucarme para dormir aunque fueran unos minutos hasta mi turno.

Cuando desperté, Tara gritaba y el mundo era un caos de gruñidos y fuego incandescente.

Nos habían alcanzado.


Próximo capítulo: Combate.

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en FANDOM

Wiki al azar